viernes, 19 de octubre de 2012
He de confesar.
Yo quería. A ti, más bien. Más mal que bien, pero te quería. Que no hubieran más monstruos bajo la cama, que no pudieran llegar, que quedaran enredados en tu ropa a los pies de mi cama. Que mi piano no supiera ya de adagios. Quería ser idiota, pequeña y capulla. Que nos metiéramos en el mar en vez de mirarlo desde fuera, que ahí también ahoga. Quería susurros y gemidos. Quería colarme por tu ventana, valiente, para colgarme de tu cuello. Quería guerra y trincheras. Que estoy segura de que se puede caminar perfectamente por la cuerda floja si me sostienes la mano. Quería estar más delgada, no destrozarme las uñas y que mis vestidos quedaran preciosos adornando tu habitación. Quería darte amor y ser tu droga. Quería que un ataque zombie hiciera que todos desaparecieran y nos dejaran a solas. Que fueras mi guardaespaldas, arañar la tuya. Quería estar a tu lado cuando llovieras y calarme hasta los huesos. Quería discutir contigo y poner esa cara de que voy a odiarte durante décadas o hasta que te acerques medio milímetro. Quería cobrarte uno a uno todos los momentos que soñé contigo, decirte que esa que llevas en la cara iba a ser mi sonrisa favorita. Quería hacerte el amor y el desayuno (no te preocupes, sé cuánto debo calentar el café, cuanta azúcar le echas y que el sol sólo debe entrar cuando tú ya me hayas alumbrado) Quería llenar de arena tus relojes, ya sabes, para darte más tiempo y más noches y que le hagas compañía a la luna, que se pierde entre tus insomnios. Quería que me concedieras el placer de solucionarte las dudas. Que lo único en romperse fueran los "ojalá" y que viviéramos en "algún día". Que se jodieran todos, que su mundo nos sabe a poco. Quería ser tu groupie favorita. Quería hacer sonreír esos ojitos tristes, que seguirías con ojeras pero disfrutarías mucho más. Quería que mi problema fuera necesitarte, que conocerte fuera mi mejor mala suerte. Quería poseerte como nunca te han querido, quererte como nunca te han poseído, como tú no sabes. A ti, más bien. Más mal que bien. Pero te quiero.
domingo, 14 de octubre de 2012
Alter ego.
Ella. Hoy os hablaré de mi Ella. Se hizo a prueba de fuego y de amor, haciendo que las sábanas de esa cama, como ella, estuvieran deshechas también. Algún gilipollas le dijo que necesitaba un cítrico en su vida, pero ahora ansía algo dulce tras tanto ácido. Acostumbra a llevar el corazón encima por si se lo roban pero lo lleva escondido tras la metralleta. Tiene unos ojos que hablan casi más que ella y suele a llevar puesta una de mis sonrisas favoritas. Sus monstruos son a veces más fuertes que ella, y no sabéis lo fuerte que es, pero a veces se le olvida y vuelve a las andadas. Es de esas estrellitas enanas que brillan en medio de la noche pero pasan desapercibidas. Tuve suerte de fijarme bien aquella vez, porque ¿ Sabéis? Ahora me acompaña y no se cansa de caminar conmigo, alumbrándome cada vez que todo se apaga. Ella, aunque no lo crea, es más corazón que coraza, más sangre que cicatrices y más bonita que cualquiera. Da tanto a cambio de nada que a veces me preocupa que se llene del vacío, ese que se expande y ahoga. Es tan niña que alegra mundos y aun la decepcionan. Tanto sentimiento que su razón no puede con él. Y yo, no podría sin ella. Pero no os confundáis, yo no tengo ni puta idea de qué es la amistad. O quizás sea Ella.
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