viernes, 11 de enero de 2013

Erra ser una vez, más.




Una princesa sin reino ni coronas, perdido todo en apuestas y batallas. En realidad, creo que hace mucho que dejó de ser princesa. A cambio ganó una torre en la que refugiarse cuando venía algún intento de príncipe de esos que se reconvierten en sapos tras un par de besos.

Algún tipo de maleficio parecía haber parado el tiempo en su torre, hacía demasiado que todos los días eran un día cualquiera. Se entretenía viendo desde su ventana a los espíritus libres, y lo bonita que tenían sus jaulas. También había para quien llegaba Algún día y se terminaban los condicionales.

Pero nada que ver tiene observar el mar con sentir las olas. Y es que, a veces, hay que salir de la torre para que cualquier día pueda dejar de ser un día cualquiera. 

Erra ser una vez, más