Vuelve a tocarme el turno de noche, y es que el techo de cada noche se ha convertido en el pan de cada día. Al menos se ha quedado una noche bonita para sacar los monstruos de paseo. Voy a serte sincera, ahora que no me lees y estamos entre amigos, ¿Ves toda esa seguridad? Pues anda de puntillas, y yo con estos pies de plomo. Así no hay quien avance. Y es que se me ha metido el vértigo, ese de no estar a tu altura, en las costillas, y suena el piano. Y no sabría decirte si triste o con rabia, pero suena. Lo maltrato sintiendo como sale la presión a través de mis manos, esa que guardo de no poder acariciarte. Y es que, tienes los defectos más bonitos que he visto y unas malas costumbres de esas que no deben perderse. Que quiero tenerte y te tengo ganas. Y, ¿Sabes? Aun, a veces, creo que quiero que seas mío. Y joder, vaya posesión la mía. Pero vuelve el vértigo y las mariposas se dedican a hacer nudos en el estómago y lo revuelven todo. Que es muy difícil quererme, que yo aun no lo he logrado. Pero no me culpes, que ya lo hago yo. Sólo espero que no me entiendas y sigas viéndome con tus ojos, que tu punto de vista, me gusta más.

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