Bailaba sola en medio de la pista, tacones en mano y cantando a voz en grito. De socorro.
Él me tendió su mano y cogí su brazo a torcer. Acarició mi piel haciendo círculos polares, donde no tocaba. Me desgarró las corazas y ante sus ojos quedé desnuda, niña, interior. Me rozó el corazón con la yema de sus versos y yo, que no supe si llorar o reír, rompí a temblar.
Ahora mi piano desafina adagios cuando lo siente lejos.
Alguien decidió llamar kilómetro a cada abismo que nos separa, y yo como palabra de nueve letras siempre preferí canciones. No hace falta tanta búsqueda si te pierdes con la persona adecuada. Si se convierte en la parte que te toca y te hace melodía. Y aunque no sé si de mí o conmigo, cree en el amor.
A veces, se gira tu miedo y te sonríe.
A veces, hasta tocar fondo si es a dúo suena bien.

Me miras así y me dan ganas de arrancarte de cuajo el vestido, y las penas, y los monstruos.
ResponderEliminarLobo.
Espero que tu imposible se deje intentar.
ResponderEliminarEl mío no lo hizo, y duele.