"Lo siento por ti, nunca te lo van a volver a hacer tan bonito;
hasta las cosas que no te hice."
Estar en la senda del perdedor puede ser el camino correcto, que nadie se atreva a decirnos lo contrario. Que nosotros sí que nos atrevimos, valientes, a saltar por la ventana. ¿Y qué si nos caímos? Por un rato sentimos que volamos. Que me da igual que sea más fácil, tú si quieres puedes echarme toda la culpa a mí. Las ganas eran todas mías y yo te las quise adjudicar a ti. Estamos en paz. Con nosotros mismos, ya saben, que os jodan a los demás.
Lo siento, como siempre, más que el resto. Me querrán por mis defectos y sacaré brillo a mis virtudes, me dejarán porque no me puedan ver. Me han llamado tantas cosas que no sé si sonreír o enseñar los dientes. Pero que llamen, aquí no se puede entrar sin descifrar la clave. Las corazas están muy bien pero a mí que no me quiten mis escudos humanos. Encerrada en mí misma supieron sacarme la sonrisa. Y es que no conozco mejor cinturón salvavidas que mi círculo.
Pero qué os voy a contar si no diferenciáis los que están de los allegados, si no sabéis andar sin hacer ruido, si perdéis la armonía en cuanto tocáis fondo. Si perdéis para valorar ¿qué victoria es esa? Para qué querría prestarle mis zapatos a alguien que no sabe de arenas movedizas, de ir de puntillas, de pies de plomo. Todo lo que me digas ya me lo he escupido yo antes. No quiero tu teoría si no estás en la práctica. Que si se acabó lo que se daba es porque no lo devolvían, porque no lo merecían.
Y es que hasta en la vida voy a muerte, y espero no salvarme nunca. Estoy huyendo camino a casa charlando conmigo misma. Creo que empiezo a soportarme, he dejado de caer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario