La cara oculta escondía su niña interior,
haciendo equlibrismo,
en el circo que se montaban sus pensamientos.
Dijo Cristina una vez que eres de quien te acuerdas cuando tienes miedo; yo me atrevería a decir que eres un poco de aquellos a los que acudirías cuando te sientes perdido. Y yo que tengo todo controlado de momento, excepto lo de dejar claro lo que necesito.
Los veranos siempre me traen los mares en forma de dudas. Supongo que hay quien invierte su tiempo de ocio en conocer a gente nueva y otros en conocernos a nosotros mismos. Aunque si hay algo más sobrevalorado que el verano es, sin duda, la primavera. Pero ese es otro tema y ya ha vuelto Septiembre. Es al segundo verano que siento que sobrevivo y cada vez más sola. No se confundan, tengo mis faros, que hacen que cuando esta luna no brilla no se sumerja todo en la ocuridad y previenen cualquier deriva. Pero hay monstruos que comparten tu cama y sólo los puede matar uno mismo; que de lo contrario, sentirías que es a ti al que atacan.
Me estoy cumpliendo promesas y creo que he aprendido a echar de menos, que alguien sigue contigo si eres capaz de seguir aprendiendo con lo que en su momento hizo o dijo, que eso supone que sigue guiando tu camino. Me gusta pensar que las casualidades se dejan ver para cerciorarnos que ese es el camino correcto. Aunque yo aún espero la mía. Una casualidad que de un guantazo me despierte y me haga ver todo de nuevo.
Dicen que todo llega y yo sigo con esa sensación que se te queda cuando el autobus cierra sus puertas en tus narices. Siempre me toca ir andando y, por consiguiente, emplear mucho más esfuerzo para llegar al mismo sitio. En todo. No se confundan, no envidio la facilidad del ignorante para hallar la felicidad, ni la de la sociedad moderna para sentirse colmada con polvos esporádicos o creer en frases endulzadas, ni lo rápido que otros llegan a llamar a alguien amigo. Siempre he sabido que utilizando las mismas palabras nuestros conceptos no eran los mismos, que sus pareceres varían rápido porque sus sentimientos no son igual de profundos, que sus ojos no disfrutan las mismas vistas que los míos, que ciertas palabras siempre sabrán mejor según qué boca, que mi felicidad son sensaciones que jamás tendrá el que ignore todo lo que las rodea. Pero, a veces, desearía que todo fuera algo más sencillo, no quedarme siempre a las puertas vislumbrando todo lo anhelado a través de la ventana que, aunque se abre, no sirve para nada.
La otra cara a la galería,
balanceándose entre preciosa y horrible,
según el sol que mire en ese momento.
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