martes, 27 de enero de 2015
Caminante que le jodan a los caminos.
Sigo empezando por ordenar mi cuarto cuando se me desordena la vida. Mirando al suelo cuando me da miedo que mis ojos hablen todo lo que callo. Cayendo dos veces por cada una que me levanto.
Nunca he confundido el amor con el olor a café -o cualquier otra cosa que te llene por dentro- aunque cuando estoy en casa y lo prepara mi madre sí que sabe. A amor, digo. Siempre confundo el aprecio con cualquier gesto bonito, como si el mundo fuera altruista. Hay confusiones que merecen las penas.
No suelo sentirme sola cuando estoy sola. Cuando siento frío me gustaría estar sola. Yo sí conocí a quien compartiera mi asfixia, aunque la soga nunca es la misma. Ahora no tengo en quien pensar cuando suenan esas canciones que te retuercen por dentro -ya ni tú me pareces posible, aunque siempre fuiste un poco increíble- pero sigo sintiendo la nostalgia de lo que no he tenido.
Suelo acostarme con planes para resolverme la vida y cuestiones de esas que te sumergen antes que el sueño. Suelo levantarme rápido- uno aprende después de tanta caída- pero sigo sin solucionar nada. Siempre me ha gustado más la pregunta que la respuesta.
Me vuelven loca las metáforas y detesto los consejos. Siempre miro bajo la cama antes de dormir, pero sigue sin haber nadie. Los monstruos los llevo dentro.
Todos creen haber ganado el premio de los que todo lo han perdido. Yo nunca perdí nada. He mordido el polvo en la mayoría de mis batallas y aquí sigo, invencible. Echo de menos algunas manos pero suelen ser ellas las que me han dejado caer. Y, las que no, están ocupadas brillando allá arriba; sin perderse, las llevo conmigo.
Tengo un mar para resolver dudas, una azotea para huir sintiéndome en casa y un piano para cuando me tiembla el pulso, para cuando necesito tocarme las entrañas. Tengo prohibidas las llamadas de atención y restringidas las de auxilio. Tengo buena suerte, algunas malas decisiones y muchas ganas. Tengo fantasmas y espíritu. La esencia como estelas en el mar; a cada paso del camino. Los principios atados a las raíces para llevarlos hasta los finales. Tengo tomas de tierra con unos ojos capaces de ver en el agujero negro de los míos.
Sigo empezando por ordenar mi cuarto cuando se me desordena la vida pero esta vez he decidido empezar la casa por las ventanas.
Para que entre el sol en todo momento.
Para mojarme cuando llueva.
Para que no cese de correr el aire.
sábado, 10 de enero de 2015
Cualquiera sabría florecer en primavera.
Las niñas soñaban con ser; mariposas.
Los niños con cazarlas.
Ella distantemente cerca,
batalla.
Ella distantemente cerca,
batalla.
Ella siempre fue; luciérnaga.
Nadie se fijó en que también tenía alas.
Ni en lo difícil que es brillar
cuando todo se apaga.
Nadie se fijó en que también tenía alas.
Ni en lo difícil que es brillar
cuando todo se apaga.
Volver a las andadas también es retroceder. Llamando a cada cosa por su nombre: esto no es estar vivo. Aunque a mí también me sale fácil fingir que sobrevivo hace tiempo que me conozco lo suficiente como para pillarme las mentiras. Pensándolo mucho: no lo siento. Y por mucho que digan filósofos, pensar no es más que el preludio a existir. Y qué jodido vivir en la antesala de lo que esperas. Y por si fuera poca la carga peor es su ausencia. Que para aprender hay que sacar de uno tantos esquemas que te llenas de vacío y, en éste, es difícil no perderse. Mi sendero a menudo se confunde con los raíles de una montaña rusa y yo, que siempre he sido leña de mi propio fuego, me quemo un poco por dentro cada vez que intento brillar.
Me lo guardo dentro, todo. En mi propia jaula cuyas puertas están abiertas para todo aquel que sepa entrar. Y yo que siempre seré persona tranquila de mente inquieta. Que a veces no hablo por miedo a que me entiendan. Que ni me explico ni me pretendo explicar. Que a veces, escribo por no saberme leer. Que, en el fondo, siempre he deseado que alguien sepa mirar. Que no quiero que me den nada, yo ya estoy completa: tengo mi paz, mi refugio y lo importante siempre lo he llevado dentro. Tengo vértigo a las expectativas y no me queda tiempo para perder. Y lo siento. Pero de verdad. Y a mí no me gustan vuestros excesos. Y perdonadme si os hablo como si me entendierais, a veces se me olvida lo confundidos que tenéis los conceptos. Qué sabréis vosotros de soledad si nunca os la habéis impuesto. Que al próximo que vuelva a hablarme de esa locura que tenéis estandarizada le comento que igual el problema es que es gilipollas y no complejo. Se os ha subido Bukowski a la cabeza y Alejandra está hasta el coño de que hagáis como si entendieseis su lamento. Que hay mucho loco y muy pocos aptos y yo sólo busco quien busque tener el alma bonita y el corazón contento.
Y dejando todo a un lado, sentándome yo al otro; para variar. Creo que estoy harta de esta pena que me cargo, que no quiero merecerla más. Ahora enséñame a ser malo, ya aprendí modales. Y sé moverme por el mundo pero quiero ir al mío. Que no quiero salvarme, quiero ser jardín salvaje, oler a mar, mi propia serendipia. Caminar consiste en dar el primer paso; constantemente y no importa dónde huyas, siempre terminarás tropezando contigo mismo. Que me da igual caer si implica que estoy en movimiento.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
