sábado, 10 de enero de 2015

Cualquiera sabría florecer en primavera.

Las niñas soñaban con ser; mariposas. 
Los niños con cazarlas.
Ella distantemente cerca,
                                            batalla.


Ella siempre fue; luciérnaga.
Nadie se fijó en que también tenía alas.
Ni en lo difícil que es brillar 
                              cuando todo se apaga.


Volver a las andadas también es retroceder. Llamando a cada cosa por su nombre: esto no es estar vivo. Aunque a mí también me sale fácil fingir que sobrevivo hace tiempo que me conozco lo suficiente como para pillarme las mentiras. Pensándolo mucho: no lo siento. Y por mucho que digan filósofos, pensar no es más que el preludio a existir. Y qué jodido vivir en la antesala de lo que esperas. Y por si fuera poca la carga peor es su ausencia. Que para aprender hay que sacar de uno tantos esquemas que te llenas de vacío y, en éste, es difícil no perderse. Mi sendero a menudo se confunde con los raíles de una montaña rusa y yo, que siempre he sido leña de mi propio fuego, me quemo un poco por dentro cada vez que intento brillar

Me lo guardo dentro, todo.  En mi propia jaula cuyas puertas están abiertas para todo aquel que sepa entrar. Y yo que siempre seré persona tranquila de mente inquieta. Que a veces no hablo por miedo a que me entiendan. Que ni me explico ni me pretendo explicar. Que a veces, escribo por no saberme leer. Que, en el fondo, siempre he deseado que alguien sepa mirar. Que no quiero que me den nada, yo ya estoy completa: tengo mi paz, mi refugio y lo importante siempre lo he llevado dentro. Tengo vértigo a las expectativas y no me queda tiempo para perder. Y lo siento. Pero de verdad. Y a mí no me gustan vuestros excesos. Y perdonadme si os hablo como si me entendierais, a veces se me olvida lo confundidos que tenéis los conceptos. Qué sabréis vosotros de soledad si nunca os la habéis impuesto. Que al próximo que vuelva a hablarme de esa locura que tenéis estandarizada le comento que igual el problema es que es gilipollas y no complejo. Se os ha subido Bukowski a la cabeza y Alejandra está hasta el coño de que hagáis como si entendieseis su lamento. Que hay mucho loco y muy pocos aptos y yo sólo busco quien busque tener el alma bonita y el corazón contento. 

Y dejando todo a un lado, sentándome yo al otro; para variar. Creo que estoy harta de esta pena que me cargo, que no quiero merecerla más. Ahora enséñame a ser malo, ya aprendí modales. Y sé moverme por el mundo pero quiero ir al mío. Que no quiero salvarme, quiero ser jardín salvaje, oler a mar, mi propia serendipia. Caminar consiste en dar el primer paso; constantemente y no importa dónde huyas, siempre terminarás tropezando contigo mismo. Que me da igual caer si implica que estoy en movimiento.




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