viernes, 18 de diciembre de 2015

Mudanza

Si pasas por aquí, igual quieras seguir haciéndolo también por aquí:

https://lunacualquiera.wordpress.com

Disculpen el desorden, ya saben, las mudanzas.


Gracias a los que pasen, a los que han pasado, a los que pasarán.
A los que son y están.

domingo, 23 de agosto de 2015

Creí que jamás diría esto y lo estoy pensando.

"Mírala, ¿la ves? Se ha vestido de niña y lleva las uñas pintadas sin saber hacerlo. Sonríe a desconocidos y evita a los que conoce. Se queda en su cuarto cuando le apetece bailar y visita bares cuando anhela ese viaje que alguien un día le prometió y no llegó a cumplir".

Tanto no he aprendido. Menos mal, me digo, me siguen tocando. Pero, siempre ese jodido pero. No me colman. No me agarran por dentro. No me revuelven nada. No se me injertan. Y no hay nada peor que creerte a salvo, bajar las armas. Entonces es cuando. Tanto no he aprendido. Menos mal, me digo, me siguen doliendo. Supongo que madurar también es saberte responsable de las consecuencias de creer saber, de dar por sentado aquello que un día puede ponerse patas arriba. Supongo que también será algo así como buscar un punto intermedio entre mirar donde pisas y no dejar de disfrutar las vistas. Supongo digo, porque yo qué sé, que tanto no he aprendido, que no veas cómo me doy de bruces.

"You've got to burn to shine"


Tengo mil ideas inconexas en una libreta, imagina las que me vuelan la cabeza. Cada vez tengo más claro que estar muy fuera de todo es estar muy dentro de uno mismo y que esta hipermetropía me acompaña como forma de vida haciendo que necesite alejarme para ver nítidas las cosas. Estoy interiorizando tanto que no descarto darme un día la vuelta. E irme. No sé muy bien qué pienso, sólo sé que demasiado. A veces me imagino charlando con los autores de según qué libros, preguntándoles si ellos alguna vez lograron hacer desaparecer este sentimiento, si comparten conmigo la incomprensión. Me imagino contándoles que vivo en un constante: "sé perfectamente lo que dices y por qué lo dices pero es que no te entiendo. Y espero no entenderte nunca". Que no estoy ausente cuando callo; estoy decepcionada. Que en un inesperado giro de los acontecimientos sigo donde estaba. Yo que todo el miedo que le tenía a las alturas era no estar a la esperada, que el vértigo sólo lo he sentido al mirarme en el espejo.


"Porque un amor verdadero no se olvida; él te olvida a ti"

Pero qué van a saber si no miran a los ojos al preguntar cómo estás, si no son de los que sienten el nudo en el estómago al decirte pero espero que todo te vaya bonito porque no les duele desear y no ser ellos los que te ayuden a que así sea. Parece que ya nadie desea de verdad. Han cambiado la pasión y las ganas por los intereses y a mí no me sale a cuenta. He dado tanto que llevo las manos vacías y, aún así, se la tiendo a los míos esperando que me cojan el brazo para que camine con ellos. De verdad, ya nadie. Pero ¿Sabes qué? sigo hablándote a ti cuando escribo. Supongo que uno siempre necesita hablar con alguien que le haga sentir que está hablando consigo mismo pero con unos ojos menos críticos. Uno siempre necesita hablar con ojos que brillen cuando le miran, también cuando habla consigo mismo. Yo qué sé, yo sólo supongo, que tanto no he aprendido. Ya ves, a pesar de ellos, de las noches y los domingos, de la suerte. Tanto no he aprendido, sigo sonriendo cuando llueve, cuando siento la playa, cuando abro una cerveza, cuando veo en el rostro de la gente lo que está diciéndome con palabras, cuando algo consigue decirme algo, cuando el paisaje me hace sentir mero atrezo, cuando me abraza mi madre. Sigo echando de menos, sin querer que vuelva nadie que se haya decidido irse, sin creer que nadie vaya a saber entrar y querer quedarse. Que sigo, joder. Y eso es lo importante.


martes, 19 de mayo de 2015

Sí bueno; no.


"Ahora, ya no escribo cuentos, 
ni tacho los días del calendario, 
ni sueño que estoy preso, 
a la sombra de un jardín vallado. 
[...]
Gritaré un poco más, 
sangrará mi garganta,
 la pared con mil huellas de mi loca cabeza, 
ahora no puedes entrar estoy ordenando mi casa


Igual los actos no definen tanto; no al que sabe que definen. Igual que las palabras no dicen tanto en la boca del que más las dice. Os veré, embriagados, enviando mensajes con aquello que os bailará en la cabeza, llorando aquello que os oprimía, cometiendo actos que os definirán. Y yo, os miraré, desde mi torre de control absoluto, desde mi centro de análisis de actos. Y aquí dentro, lloraré lo que me duelo, me enviaré mensajes de auxilio, me haré llamadas de atención. Y confundirán mi contradicción con sus sinsentidos, cuando no es lo mismo buscar algo allí donde sabes que no lo vas a encontrar que buscar algo que no existe. Y aún no sabrán cual es cual. Que tengo una caja de pandora en la cabeza y una montaña rusa en el pecho y, aun con este mal pulso, son firmes mis trazos. Cualquiera diría cómo soy y ¿Quién sabe, eh? Nadie acertaría en qué pienso cuando me ducho. 

El amor debe ser algo así como pensar en la misma persona cuando haces el café que cuando te masturbas. Porque, por mucho que expongáis, es algo íntimo. Así que, a mí, dejad de prostituírmelo. Que es un fraude tratar de venderlo si no vas a conseguir transmitirlo. Y no, no sois ni humphrey bogart ni femme fatale; sufrís incontinencia sentimental. Lloran por espinas y yo tengo las rosas injertadas, ¿Qué coño sabrán? 


"Para los condenados a muerte 
y para los condenados a vida 

no hay mejor estimulante que la luna 

en dosis precisas y controladas".


Me contó la mujer de vida que de pequeña le pregunté tras mirar los ojos azules de mi hermano que a qué edad me saldría el color en los míos. Sin saber que el negro es una amalgama de colores sin separar. Que el color no aparece por mucho que quieras -siempre ha estado ahí- es uno el que debe aprender a verlo. Y, ahora, me miro y si me preguntan qué quiero me quedo en blanco con una pluma en la mano; aspirando a quedarme sin aliento. Yo sólo quiero ser grande si eso significa poder rozar la luna con los pies en el suelo.


"Esta tarde, al coger el tren, 
una señora me ha preguntado cómo se iba a una estación
de la cual no ha salido un tren en la vida."


domingo, 26 de abril de 2015

Siempre fui de salirme al colorear.

"Suelen decirme –a modo de crítica– que vivo en la Luna
¿Les he dicho yo –a modo de crítica– que viven en Tierra?".

No encontrarás mariposas en mi estómago, está lleno de vacío existencial, nostalgia y ganas. Poco se habla del peso que conlleva desprenderse de lo que llevabas dentro. Te dicen que aspires a más porque no saben lo que duele el pecho. No quiero comerme el mundo, lo estoy saboreando; pero a veces me provoca nauseas. Es el momento de asumir que todo aquel que merece la pena, la carga.  

«Nada ha cambiado y, sin embargo, todo existe de otra manera»

Miro hacia atrás y sólo veo un par de huellas y mucha arena movediza. No sé qué hablan de caminos; esto es una playa y a esta luna le pesan las mareas. Hay que ser muy optimista para creer que se ha tocado fondo y muy estúpido para no disfrutar el vuelo de la caída. Aún me pregunto si antes de la muerte hay vida y, de ser así, cuándo termina este preludio. Quiero tocar mi mejor pieza, estirar las alas, morder el polvo.  


Hay quien divide las etapas de su vida por las diferentes personas que han formado parte de ella otros, sin embargo, las dividimos por las diferentes personas que hemos sido. Me he conocido en una época de mi vida complicada. Creo que sé quién soy pero, a veces, me confundo con otra. Me siento tan estática que necesito pararme a pensar. Aunque el tiempo no se me escapa -bailo a su compás- me sigue faltando el aire. Cómo explicar que no es tiempo libre el ocioso, que también la vida social puede ser una tarea en la agenda, que sólo son rutina aquellos días a los que no le das vida, que se le puede bailar el agua a la peor de las tormentas. Sé que mi único problema soy yo pero la solución no es la vuestra. Todo reside en que he olvidado guardarme tiempo, sólo me doy las sobras y así no hay quien crezca. 

"Buscar
No es un verbo sino un vértigo.
 No indica acción. 
No quiere decir ir al encuentro de alguien 
sino yacer porque alguien no viene."

¿Cuánto queda para que sea algún día, para que venga una casualidad y me cierre la boca, para que me de un guantazo la vida y vuelva a respirar de nuevo? Hay cosas que tienen que llegar pero yo siempre fui de ir a por todo. Que no quiero que nadie diga que soy risueña si no siento la sonrisa en el estómago, que quiero suspirar porque estoy colmada y no vacía, que venga ese alguien que suelte aquello de "aunque no era la más guapa del mundo juro que era más guapa que cualquiera", quiero que venga y que se quede. 

Quiero volver.

martes, 27 de enero de 2015

Caminante que le jodan a los caminos.


Sigo empezando por ordenar mi cuarto cuando se me desordena la vida. Mirando al suelo cuando me da miedo que mis ojos hablen todo lo que callo. Cayendo dos veces por cada una que me levanto.

Nunca he confundido el amor con el olor a café -o cualquier otra cosa que te llene por dentro- aunque cuando estoy en casa y lo prepara mi madre sí que sabe. A amor, digo. Siempre confundo el aprecio con cualquier gesto bonito, como si el mundo fuera altruista. Hay confusiones que merecen las penas.

No suelo sentirme sola cuando estoy sola. Cuando siento frío me gustaría estar sola. Yo sí conocí a quien compartiera mi asfixia, aunque la soga nunca es la misma. Ahora no tengo en quien pensar cuando suenan esas canciones que te retuercen por dentro -ya ni tú me pareces posible, aunque siempre fuiste un poco increíble- pero sigo sintiendo la nostalgia de lo que no he tenido.

Suelo acostarme con planes para resolverme la vida y cuestiones de esas que te sumergen antes que el sueño. Suelo levantarme rápido- uno aprende después de tanta caída- pero sigo sin solucionar nada. Siempre me ha gustado más la pregunta que la respuesta.

Me vuelven loca las metáforas y detesto los consejos. Siempre miro bajo la cama antes de dormir, pero sigue sin haber nadie. Los monstruos los llevo dentro.

Todos creen haber ganado el premio de los que todo lo han perdido. Yo nunca perdí nada. He mordido el polvo en la mayoría de mis batallas y aquí sigo, invencible. Echo de menos algunas manos pero suelen ser ellas las que me han dejado caer. Y, las que no, están ocupadas brillando allá arriba; sin perderse, las llevo conmigo.

Tengo un mar para resolver dudas, una azotea para huir sintiéndome en casa y un piano para cuando me tiembla el pulso, para cuando necesito tocarme las entrañas. Tengo prohibidas las llamadas de atención y restringidas las de auxilio. Tengo buena suerte, algunas malas decisiones y muchas ganas. Tengo fantasmas y espíritu. La esencia como estelas en el mar; a cada paso del camino. Los principios atados a las raíces para llevarlos hasta los finales. Tengo tomas de tierra con unos ojos capaces de ver en el agujero negro de los míos.

Sigo empezando por ordenar mi cuarto cuando se me desordena la vida pero esta vez he decidido empezar la casa por las ventanas.

Para que entre el sol en todo momento.
Para mojarme cuando llueva.
Para que no cese de correr el aire.

sábado, 10 de enero de 2015

Cualquiera sabría florecer en primavera.

Las niñas soñaban con ser; mariposas. 
Los niños con cazarlas.
Ella distantemente cerca,
                                            batalla.


Ella siempre fue; luciérnaga.
Nadie se fijó en que también tenía alas.
Ni en lo difícil que es brillar 
                              cuando todo se apaga.


Volver a las andadas también es retroceder. Llamando a cada cosa por su nombre: esto no es estar vivo. Aunque a mí también me sale fácil fingir que sobrevivo hace tiempo que me conozco lo suficiente como para pillarme las mentiras. Pensándolo mucho: no lo siento. Y por mucho que digan filósofos, pensar no es más que el preludio a existir. Y qué jodido vivir en la antesala de lo que esperas. Y por si fuera poca la carga peor es su ausencia. Que para aprender hay que sacar de uno tantos esquemas que te llenas de vacío y, en éste, es difícil no perderse. Mi sendero a menudo se confunde con los raíles de una montaña rusa y yo, que siempre he sido leña de mi propio fuego, me quemo un poco por dentro cada vez que intento brillar

Me lo guardo dentro, todo.  En mi propia jaula cuyas puertas están abiertas para todo aquel que sepa entrar. Y yo que siempre seré persona tranquila de mente inquieta. Que a veces no hablo por miedo a que me entiendan. Que ni me explico ni me pretendo explicar. Que a veces, escribo por no saberme leer. Que, en el fondo, siempre he deseado que alguien sepa mirar. Que no quiero que me den nada, yo ya estoy completa: tengo mi paz, mi refugio y lo importante siempre lo he llevado dentro. Tengo vértigo a las expectativas y no me queda tiempo para perder. Y lo siento. Pero de verdad. Y a mí no me gustan vuestros excesos. Y perdonadme si os hablo como si me entendierais, a veces se me olvida lo confundidos que tenéis los conceptos. Qué sabréis vosotros de soledad si nunca os la habéis impuesto. Que al próximo que vuelva a hablarme de esa locura que tenéis estandarizada le comento que igual el problema es que es gilipollas y no complejo. Se os ha subido Bukowski a la cabeza y Alejandra está hasta el coño de que hagáis como si entendieseis su lamento. Que hay mucho loco y muy pocos aptos y yo sólo busco quien busque tener el alma bonita y el corazón contento. 

Y dejando todo a un lado, sentándome yo al otro; para variar. Creo que estoy harta de esta pena que me cargo, que no quiero merecerla más. Ahora enséñame a ser malo, ya aprendí modales. Y sé moverme por el mundo pero quiero ir al mío. Que no quiero salvarme, quiero ser jardín salvaje, oler a mar, mi propia serendipia. Caminar consiste en dar el primer paso; constantemente y no importa dónde huyas, siempre terminarás tropezando contigo mismo. Que me da igual caer si implica que estoy en movimiento.




viernes, 24 de octubre de 2014

Estoy hecha de tripas corazón.



Fui una adulta prematura y siempre muy niña. Seguía un sendero distinto al establecido pero paralelo, creo que ya intuía que debía hacer el mío. Y es probable que en esta fecha aún volara. Quise con todas mis fuerzas hasta perderlas y con ellas mi esencia. Intenté salvar un mundo del que no formaba parte sin entender aún que la clave la llevaba dentro. Que no hay que salvarse; ni ahora ni nunca. Me puse en el lugar de tantos que terminé por no tener ninguno. El mío debió quedar vacío en alguna parte, dentro de mí. A mi padre se le puso el corazón del color de mis ojos. Todo siguió, creo. No sé muy bien donde estaba yo en esa época de mi vida. Creo que me limitaba a hacerme la viva sin levantar sospechas. A limpiar el polvo que provocaban los escombros al caer sin hacer nada por detener la demolición. Nunca me drogué, no bebí en exceso, no fumé, mantenía con cuidado mi vida para no estropearla. Era asquerosamente normal entonces, de corazas para afuera. Dentro, Pompeya.

Me conociste.
Te quise.
Te conocí.

Me enamoré.
Creciste.
Nací.
Te fuiste.

Toda descripción más allá de eso sería  una redundancia preciosa que guardo dentro bajo llave. Porque ahora, además del vacío, guardo mucho más dentro. Nunca llegamos a ser ni estar. Y, sin embargo, siempre serás y estarás. No sé si llegué a agradecerte como merecías que fueras mi faro cuando todos me creían luna y yo era mar. Pero sé que lo sabes.


Recuerdo días oscuros. Los recuerdo ahora cuando intento brillar tan fuerte que me ciego. Una vez, cuando yo ya me había sentido nacer y antes de irte, dijiste: "Es comprensible que no te conozcas, en realidad, o que seas inestable. Es un proceso. Tú aún no rompiste tu mundo, sólo se ha tambaleado cuando me conociste y te hice reflexionar y cuestionarte las cosas. Ahora que te lo cuestionas todo más es normal que, a veces, no entiendas algo; o no te entiendas tú. Realmente no has roto con el mundo que te envolvía antes. Estás arañando las tapas." Creo que entonces no tuvo tanta fuerza como la que ha tenido su eco.


Nadie habla de lo duro que es nacer en vida. A mí el corazón intentó latirme por partida doble en un vano intento de revivir. Sabiéndose muerto. E ignorando todo lo demás que debía saber. Qué jodido es saberse loco, perderse en un lugar que conoces de memoria. Ni siquiera sabía mantenerme en equilibrio en mis propios pensamientos.

Y aunque no me enseñaste a andar
 -supongo que me habría sido imposible- 
me pusiste de pie.


Cuando te fuiste también otro alguien salió de mi vida. A ella no la eché de menos, aunque lo aprendido lo lleve encima. A ti te llevo dentro. Supongo que entendí que era una nueva etapa y olía suave mi esencia de nuevo.

Ciertas palabras sonaron en mi mente cuando intenté abrir los ojos de nuevo. Recordé que me habían dicho, no hacía demasiado, que todo era cuestión de enfoque, que no se trataba de buscar nuevos colores sino mirar ese tono con otros ojos. Me habían dicho que era mucho más sencillo y que eso, precisamente, era lo que lo hacía difícil. Que había que sentirlo. Esa persona por  las preciosas casualidades que a veces se marca la vida decidió entrar un poco en la mía en esa época en la que su propia voz ya estaba hablándome sin él saberlo. Aprendí a ver todos los colores que componen lo que antes era negro, y esto ya lo he dicho muchas veces pero es que no sabéis lo que se siente cuando se siente. Qué bonita es la vida para el que sabe mirarla y qué oscura se torna cuando no se deja ver. A él le regalé un poco de mi refugio, se lo había ganado. También se ha ido, o igual he sido yo. No sé. Creo que tengo la estúpida costumbre de estar sin estar para todo aquel que quiero con independencia de que me quieran, de dejarme ver cuando siento que podrían necesitar mis fuerzas, de irme cuando en su felicidad no mella mi ausencia.


Ahora estoy aprendiendo a caminar. 

Ya sé mantener el equilibrio, he dejado de caer. Pero "a ratos con furia, golpea el piano y hay algunos que le han visto llorar". Nunca he sabido dejarme llevar. No escucho la voz de nadie, no sé pedir ayuda ni a quién. Estoy tan desorientada. Tengo genios que escribieron manuales de instrucciones de la vida para el que sabe leer, pero no consigo que nada me cale. Vivo en un constante miércoles, con el cansancio de media semana a la espalda y otra media por afrontar.
                                         
Pero sigo,
avanzando,
poniéndole ojitos al huracán 
buscando dentro  
"más como siempre que nunca".



viernes, 26 de septiembre de 2014

Definitivamente, no sé. Nada.


¿Sabes?, me he vuelto a echar de menos. A esa que fui contigo. No sé cómo te las apañas que siempre vuelves. Tú, que ni siquiera has estado. Que dudo que sigas leyéndome pero ojalá sigas pensando en mí. Al menos a veces, cuando leas a Hesse y sepas que siempre serás mi Demian favorito. 

No sé ni qué digo, he vuelto perderme. Yo venía a decirme que cada vez que no soy especial para alguien recuerdo lo bonita que me veía en tus ojos. Y no sé por qué me estoy llorando esto, supongo que estoy cansada. Se me están atrofiando las alas de no volar ¿sabes? Esas mismas alas que podían contigo cuando necesitabas que le jodieran a todo el mundo y yo tirara de los dos. Estas alas ahora apenas consiguen que me ponga de puntillas.

Claro que puedo sola, joder.  Por supuesto que no necesito a nadie, no hace falta que me lo digas. Pero a veces me siento tan pequeña que ningún abrazo me abarca. No se llena este vacío, no dejo que me toquen, no permito que me besen. No sé si me entiendo y sigo sin saber compartirme. Qué hago con todo este amor que llevo dentro, no sabes lo que pesa.

O igual sí. Tú me conocías. 

Joder. 

Ya nadie quiere conocer a nadie. 

Es más fácil encasillar cualquier comportamiento en las conductas habituales. Como si pudiera clasificarse esta montaña rusa que llevo dentro. 

Sigo sintiéndome insuficiente, siempre. Sigo perdiéndome a escondidas. Cuando nadie me mira. Que son muchas veces.  Sigo necesitando estar sola porque no encuentro a nadie con quien poder estar como si estuviera conmigo misma. 

Que sí joder, qué tendrá que ver, claro que el mundo es precioso. Y no imaginas los ojos con los que miro ahora. He encontrado a alguien que supo enseñarme algo. Y creo que he conseguido aprenderlo. Veo todo tan distinto, tan nuevo, tan grande que me llena un poco por dentro, que lo siento mío. Pero también se ha ido. 

Tampoco era para mí. Sólo venía a enseñarme algo.

Y la culpa decía Benedetti es de uno cuando no enamora. Y a mí la del espejo cada día me dice una cosa. Pero creo que a veces necesito lo que no necesito. A veces me encantaría ser lo que critico. 

Tengo a mi niña interior contando decepciones para poder dormir. Para tenerla ocupada y que deje de dibujar expectativas. 

¿Cuánto falta? 

Para que las cosas aquí dentro puedan explotar. Para poder sacarlo todo y vivirlo. 

Sólo quiero vivir, 
                                          Joder.

Supongo que sí pido demasiado. Pero es que ya sabes que yo hasta en la vida voy a muerte.